Benjamín Carrión y el ajedrez

El reconocido escritor, político y embajador cultural ecuatoriano Benjamín Carrión (Loja 20/04/1897 - Quito 9/3/1979) fue un fuerte aficionado al juego ciencia. 

La pasión por el ajedrez acompañó a Benjamín Carrión durante toda su vida. Tan reconocida sería esta afición que en Ciudad de México, en el año 2011, se hizo un singular reconocimiento a la misma, al develarse una estatua del notable ecuatoriano jugando una partida de ajedrez. La escultura en bronce está en la Plaza de la Santa Veracruz, en el centro histórico de la capital mexicana y fue elaborada por el mexicano Pedro Filiberto Ramírez Ponzanelli.



A continuación lo que narró Pepé, su hija (a la derecha en la foto), en "Remembranza de mi padre", el 15 de abril de 2019 durante el Ciclo de cine en homenaje a Benjamín Carrión.

"El amaba el ajedrez toda su vida. Desde mi más tierna infancia lo vi rodeado de tableros y piezas de ajedrez. El quería que sus hijos aprendan este juego, mi hermano Jaime fue un buen jugador. Me acuerdo cuando papá y Gonzalo Escudero estuvieron desterrados en Ipiales por comunistas, Jaime jugaba con Gonzalo y siempre le ganaba.

Yo lo decepcioné. No aprendí este juego ciencia. Fui una buena basquetbolista, incluso de la selección de Pichincha.

Me acuerdo de una anécdota que él contaba frecuentemente: No precisó la fecha, pero se realizó en Nueva York. Mi papá se enteró que el gran ajedrecista cubano José Raúl Capablanca iba a competir contra doce o catorce jugadores. Benjamín Carrión era uno de ellos. Le pareció que Capablanca se demoró un poco más frente a su tablero. En todo caso el gran campeón cubano ganó.

Su nieto Fernando Carrión fue el que le dio la la gran alegría, se convirtió en un buen jugador y llegó a ganarle al abuelo. Leía todo libro que caía en sus manos, tanto así que papá le arregló un rinconcito en su biblioteca para que Fernando viva allí y haga sus tareas del colegio.

Papá se acordaba que cuando niño en Loja, su hermano Héctor Manuel le enseñó a jugar y desde ese momento, nunca paró. A donde iba, buscaba oponentes.

En Quito encontró un club de ajedrez que se encontraba en los altos de una casa en la Calle Chile, junto a las Notarías, frente al antiguo almacén El Globo, a una cuadra del Hotel Metropolitano. Luego en México, jugaba con sus amigos intelectuales como Juan Rulfo, Mario Monteforte y otros que no recuerdo.

Papá tenía un espíritu de coleccionista y adquiría tableros, mesas y piezas de ajedrez de diferentes orígenes. México lo enloqueció, adquirió piezas de ajedrez de diferentes materiales: piedra, madera, etc.

Cuando nos mudamos al Batán o Bellavista, en la casa donde ahora funcionará una extensión de este Centro Cultural, papá encontró jugadores en la Alianza Francesa. 

México fue un país al que papá amó mucho, y México le devolvió con creces ese amor: en la Plaza de la Santa Veracruz en pleno Centro Histórico, le dedicaron una placita y una bellísima escultura. Una escultura de Benjamín Carrión jugando ajedrez. Fue el joven escultor mexicano Pedro Filiberto Ramírez quien esculpió esta belleza. Alrededor de la escultura se puede leer la famosa frase de papá: “Seamos una potencia de cultura, porque para eso nos autoriza y alienta nuestra historia.” 

En este solemne acto estuvo presente Galo Galarza, Embajador del Ecuador, el Regente del D.F. Marcelo Ebrard, hoy Canciller de México, Pepé Carrión (su hija) y sus nietos: Catalina y Emilio Pallares.

Por su relación con México, mi papá recibió en 1967 la condecoración Benito Juárez que México la concedió por una sola vez. En México escribió y publicó su gran libro Atahualpa."

Comentarios